Llueve en la página amarilla,

en mi silencio grita la agonía

que se vierte sobre la hoja.

Las marcas aquí enmudecidas

son desechos de mi anhelo

salpicados por las esquinas;

sílabas que rasgan mi boca,

lágrimas ateridas de noche

que rastreras agonizan

en el cristal mugriento.

Llueve afuera y adentro,

y las inclemencias del tiempo

hielan mi melancólico sigilo.

Miro por la ventana cerrada,

necesito que por fin se abra,

que la oscuridad se despierte

y el azul recobre su brío.

Pero la tormenta me desafía.

No puedo abrir la ventana todavía.

No he escrito toda tu página.

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