Se apresuran caprichosas lágrimas

sobre mi sonrisa emocionada

al ver el orgullo de unos padres

frente a la conquista de su hijo.

Llevo tiempo amontonando palabras

en bloques de sigilo.

No las distingo. Creo que nunca lo haré.

Todo lo que no viviremos me calla.

Tu partida, tan inesperada,

está en esta muda confidencia,

en las horas que callo a solas

y hablo con tu ausencia.

En el surco de mis huesos

anida tu adiós repentino.

Enfrascado en las charlas de tarde,

en el amor, éramos uña y carne,

presencia y recuerdo que se debaten

bajo los bloques de mi silencio.

No los distingo. Creo que nunca lo haré.

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