Nos miramos.

Vemos cosas diferentes.

Te miro con extrañeza,

con la mirada pura y fresca

de una niña ilusa.

Nos miramos.

Y algo irrevocable sucede.

El balbuceo del aire

se desdobla

en escala de notas

sin respuesta.

El misterio escolta

el afán de la descubierta,

de revelarme a ti, a los dos:

tú y yo, aún incompleta.

Nos miramos.

Y algo irrevocable sucede.

No eres apenas un hombre,

persona con sus facciones,

sino un lienzo en blanco

donde pinto tu nombre

con dedos de epifanía,

asombrada por el brillo

de mis nuevas lunas.

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