(Gran reloj del Museo Orsay, Paris)

Los minutos chillan
a cada paso corto del puntero.

Braman a mi sordo silencio,
y el ansia de mis pensamientos
aumenta su estridencia.

Marcan a gritos la ausencia
oculta en la paz de la tarde.

Y que en mis tímpanos arde,
la luz de mi lámpara nubla,
quema la fe que se esparce
como polvo en el alma.

Minutos que me perturban
a cada paso eterno del puntero,
tajos que a cada sesenta segundos
contra mi espera se rebelan.

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