Agarrotado.

Al músculo que rige su vida
ya le duele latir más fuerte.

Cansado de tantos golpes
de calor, de frío, de amor
de andar siempre a galope
en brasa de rocas imaginarias
sin ninguna herradura.

La respiración se ha vuelto burda
como su músculo exhausto
y su acción está condicionada
por el ostracismo cauto
de la paz aislada.

Agarrotado.

La soledad le instiga.
Es una amiga que apoya su designio
y evita trotar por nuevos caminos
con las cerdas al aire.

Rincón de uno mismo, amiga,
ajena a la audacia de la suerte
paraje ilusorio que se resigna
a la ‘comodidad’ de la muerte.

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