Frágil cristal de bohemia
se astilla en las entrañas de la mente,
son añicos de entendimiento.

Múltiplo que no se cuenta:
ríos vidriados lucen como espejo,
afluentes con mil reflejos
según les mira el sol.

Este polifacético caudal
suena junto al timbre del tiempo,
a cada hondo pensamiento
se vuelve a astillar.

Así un nuevo caleidoscopio
de mínimas y máximas líquidas
se rompe y se multiplica
en trozos enteros de verdad.

 

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