Todo parece tranquilo.

El mar, en calma,
difiere de mi actitud alerta.

El agua salada de la pileta
arde con el fluir de las olas
como una llama silenciosa
que abrasa el cuerpo inerte
y quema la paz aparente
de todo lo camuflado.

Todo, apenas, parece.

Aquí, en medio del oleaje,
detractora del vaivén del planeta,
soy un atávico pez vulnerable,
mamífero rehén de la certeza.

 

 

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