En la penumbra etílica del bar
se veía algo luminoso, el sol que
alumbra el sueño del noctámbulo.

En el momento que nos encaramos
una rara conjunción se produjo,
el palpitante silencio del mundo
habló a través de nuestros poros.

Entre voces, ruidos insignificantes
nuestras manos tenían el talante
de las almas predestinadas,
a cada beso nuestro pulsaba
la jubilosa certeza
y nuestros cuerpos emanaban
rayos olorosos de primavera.

En la penumbra etílica del bar
se veía algo luminoso, el sol que
alumbra el sueño del romántico

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