El rigor del desierto
quema sus noches solitarias
y escuece la fibra de la llaga
como sol en carne viva.

En el cielo las cenizas
vuelan desgobernadas,
átomos desintegrados
del sueño a la deriva.

Páramo sin presente,
gris espejo refractario
del pobre deseo anclado
a la sombra ausente.

No hay nada, ni nadie.
Ni siquiera un oasis.

Solo polvo, escombros,
y el recuerdo disecado
que dibuja su rostro.

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