Ya lo sé. No existe el ‘para siempre’.
La dinámica de la vida no lo permite.

¿Por qué aspirar a lo que caduca?

La dependencia perecedera magulla.

La muerte insiste en agolparse
bajo los restos de la voluntad.
Insiste en anquilosar las partes
de la auténtica libertad.

¿Por qué aspirar a lo incierto?

Quizás la hegemonía de lo perenne
reside en el tránsito del proceso,
en la creencia de que el término
es la partida de nacimiento.

¿Por qué, pues, abdicar del intento?
¿Si al perseverar, al ponerme al frente,
aireo la energía que a la muerte trasciende?

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