Te quiero.

Más allá de los latidos de placer,
después de la carne que perece
debajo de la costra que se teje
gracias a falsas expectativas.

Más allá del umbral de los sueños,
detrás del marco, bajo el desvelo
de la ilusión aprendida.

Te quiero.

Con la piel tersa de los comienzos
y el alma roja como una herida
anhelo por la perla aún viva
que trasciende el momento
y que reposa en la cima
de mi hondo océano.

Te quiero.

Con grandes ojos desnudos,
sin ostras ni tapujos;
como si por fin no hubiese
el después de la muerte
ni el pasado mañana;
como si yo toda supiese
que amar con excesiva cordura
es perderlo o perderse.

 

 

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