A la vuelta del camino,
en el cielo de bucles azulinos
reposa la lumbre novedosa,
el comienzo de la cuerda.

A la vuelta del silencio
se pintan bajo el océano
los colores del porvenir,
el destino de la semilla.

Y ella viva se macera
en el espeso jugo
de la existencia,
en las subidas y bajadas
de la rueda.

Todavía no tiene forma
no es recta ni curva;
es promesa nocturna,
la idea de una flor.

A la vuelta del opaco ocaso
la misma noche lleva en brazos
el bagaje de tus viejos pasos
y el candil de nuevo ardor.

 

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