Una puerta entreabierta.
En una mano la llave rota,
el puño cerrado en la otra.

Puerta de cristal fosco
a través del cual se adivinan
ambiguas palabras sueltas
y algunas miradas furtivas.

Tan ligera pero tan ligera
que a simple golpe de brisa
se cierra con gran violencia
tratando de no dejar pistas.

Detrás de ella te escondes,
te muestras a media asta
cual bandera entristecida
de andrajosa tela barata.

Puerta que es en sí
obstáculo triste, taciturno,
una sombra en el camino
menos entrada que muro.

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