En el aliento del ruido
vibra la voz que responde.

De las gotas de saliva
de un sinfín de palabras dichas
se forma la esencia del hombre.

En las mismas sílabas
de millones de bocas muertas
reverbera la inconsciencia
nuestro viejo motor.

Las palabras nos toman,
muchas veces por sorpresa,
y creemos con toda firmeza
que las tomamos nosotros.

Cuando en la pausa, suspensión,
en sueños, universo de entrañas,
hay cadenas que nos amarran
y tratados que nos liberan;
hay marcas de cielo e infierno
hambre y sed de alma.

En el paréntesis del ruido
habla la voz que no calla:
profunda verdad común.

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