Oigo el fragor de cascos
de los firmes pasos
de mi pecho a galope.

Intento atajarlo
pero él no me oye.

Con sus alas de pégaso
se alza al séptimo cielo
sin conocer horizonte.

Intento disuadirlo
pero él no responde.

Sigue tu rastro
en mi ropa,
en la nobleza
de tus labios,
en mi sonrisa
gratuita.

Intento disuadirlo
pero mi pecho galopa.

Sin aparente motivo
va hacia lo desconocido
como si volviera a casa.

Mi cuerpo, fantoche,
es clamor urgente
retumbar de vientre
campo de tropa.

Intento disuadirlo
pero está convencido.

Y no se equivoca.

Todo en mí se trastoca
se adapta a la carrera
a ese impulso tan certero
que al alma levanta…

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