Hijos del mérito extraviado,
donde la balanza indigna
tiende a caer hacia un lado.

¿Cómo demostrar el talento
si tenedor, cuchillo y cuenco
parecen hereditarios?

Hijos de la deslealtad
cuyos vulgares apellidos
no encuentran otro cobijo
que alguna sombra prestada.

¿Cómo creer en la justicia
si el control de la economía
siempre está en manos grasas?

En ellas todo es escurridizo,
ambiguo y prolífico.
Doblan sus apuestas y ganan,
porque la ruleta las ampara.

¿Cómo creer en la política
si el sistema está viciado
a jugar a dos bandas?

Hijos de la actual democracia
que aún se cree aristocrática
y va ataviada de puta.

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