Se marchita.

La rosa pierde su color
en la destemplanza.

Se asoma el fin de la gracia,
del regalo del tiempo.

Difícil aceptar el invierno
cuerpo frío de los pétalos
que antes iluminaban.

Y ver el rostro del recuerdo
el bulbo tan sediento
de la rosa descuidada.

Se marchita.

Roja, brío encendido
que se pierde en la duda.

Semilla prometedora
que se ha vuelto burda.

Difícil aceptar el féretro
el aire triste y gélido
que cubre la alcoba.

Se marchita.

Aquí, ahora, sola.

La bendita rosa roja.

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