El silencio proviene y antecede
la palabra.

Sin un marco, turbio el sentido,
la mudez suena como un grito
en una partitura sin escala.

Porque es igual a la luna:
no tiene luz propia.

Necesita la impronta
del verbo o del cuerpo,
para componer el universo,
para armonizar sus notas.

Es satélite aduanero
que revisa y repite gestos;
un puente que une frases,
coma entre dos mensajes.

Sombrero de charol,
ortografía no verbal,
barniz que a todo reviste
preciso toque de tilde.

En él reverbera la luz,
cuando ella se marcha,
por sus venas dobles circula
la sombra del sol.

Es el ambiguo paréntesis
entre inicio y destino;
mudo portador, vehículo
a veces también aliciente…

del arraigo a la quimera
que la imaginación construye;
alas con las que la mente vuela
sobre letras pasadas y futuras.

El silencio proviene y antecede,
es la madre en gestación;
un latido envuelto en acción
que empieza o se detiene…

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