Mis ojos conjugaban en pretérito imperfecto.

En la noche de días desfasados,

obedecían sin parpadear.

Aferrados a la promesa cegadora,

al participio de viejas auroras,

permanecían dormidos.

Soñaban un sueño idílico

esperando más de lo que podían soportar.

Evitando otros tiempos verbales,

detenidos en viejos umbrales

que no se atrevían a cruzar.

Sí, mis ojos estaban cojos,

presentes en un tiempo pasado,

en ese tiempo que, solitario,

nunca podría avanzar…

Anémicos, sesgados,

muertos antes del limbo,

pies sin planta propia.

Ahora miran de frente,

mirada limpia, cabeza alta,

sin sombrero de ala corta,

al regalo del tiempo presente.

 

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