No espero, no.

Me siento sobre la esperanza

de verdades que jamás callan,

recojo la fortuita bonanza

de la suerte sembrada.

A penas observo

con la cabeza despejada,

traslúcida la mirada

carente de velos de seda.

Permanezco pues atenta,

paciente sobrevuelo el vacío

ajena a cualquier respuesta

fiel a las preguntas que me guían.

Así nada persigo

solo descarto cartas de la mesa

que no cuadren con mis anhelos.

Sobre la expectativa me siento

descanso la mente despierta

reposando la búsqueda.

Simplemente me ajusto,

como gran caudal que fluye

y nada en la sorpresa.

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