¿Por qué caminas tan rápido?

Anda mirando tus pasos,
las huellas que legan.

Parece que la velocidad,
la doctrina de la prisa,
es la brújula que nos guía
la medida de la dignidad.

¿Por qué así, mecánico?

Anda pausado, observando
sensación, emoción y entorno.

Dicen que hallas la verdad
en la portada del periódico
en el actuar, en la cantidad,
en la máscara, en el número.

Dime entonces, ¿por qué?

Si la acción de cada pierna
de tu cuerpo o del ajeno
traza los caminos que ves.

No, no somos todos varillas,
somos solo piezas oprimidas
bajo un asfixiante corsé.

Tampoco somos todos idénticos
y de nuestras mismas diferencias
nace la identidad de cada ser.

El individuo que gana y pierde,
que necesariamente depende
de cómo gira la rueda.

El individuo que ríe y llora
vástago de fauna y flora
padre de mente y espíritu.

Dime entonces, ¿qué opinas?

Si desconfías de cualquier vecino
¿cómo nutrirás tus propios latidos
sin la luz del verdadero abrazo?

Si todo es tan utilitario,
fugaz, desechable por inexacto,
¿cómo encontrarás tu centro?

Si no encuentras tu reflejo
en tantos otros espejos,
¿te conocerás a ti mismo?

Cuando huyes del silencio
evitas el mágico encuentro
entre tus partes.

Cuando no se está atento
a la voz del mismo silencio
se galopa sin norte.

Dime entonces, ¿qué piensas?

¿Es mejor seguir la inercia,
vivir siempre puertas afuera
o embriagarse en la libertad
de andar desnudo?

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