Baila el timbre de tu voz
entre el siseo de hojas,
en las manos y bocas
que se entregan al amor.

La melancolía me obliga
a cerrar fuerte los ojos,
brotan lágrimas que denotan
el anhelo que quedó.

Tu voz, gran ala de pájaro
que cubre ancho y largo
de mis recuerdos.

Soy afortunada, eso creo,
porque aún ardes en mi cuerpo
y me atizas el alma;
porque cuando duele la calma
y el silencio me apuñala
tu voz regresa a mi vida.

Y habla en la tímida sonrisa
que surge en mi cabeza gacha,
musita palabras de esperanza
que atemperan mi pecho.

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