El velo se quema.
Cuando está ardiendo
escuece el alma.
Cuando ya no existe
se abre una raja.

La distancia que se da
no se recorre en dos días:
como en el camino del Inca,
es un descubrir de a pasos.

El velo se abrasa.
Cuando lo hace, va despacio.
Lento, sutura la carne
a la vez que la raja.

Y el bulto que se instala
debajo de la piel dolorida
no se disuelve en dos días
y se drena con la verdad

No es fácil quemar el velo
romper el paradójico lazo
que mantiene vivas y alejadas
la expectativa y la realidad.

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