Cabalga libre, crin al viento,
formando huellas aladas,
desde el mismo hondo océano
se oye el brío de sus garras.

Sus ojos brillan cual candela
ondulando el azul del espacio,
luz de su verdadera odisea,
olas de rojo entusiasmo.

Y yo prudente observo,
desde una cierta distancia,
para que su ímpetu incierto
no me queme las pestañas…

Aunque si os soy sincera
su hervor resuena en mi alma,
yo crepito en mi propia hoguera
mientras él arde sin llamas.

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